La confianza no se pide ni se declara. Se construye a partir de lo que hacemos y de cómo los demás interpretan nuestros comportamientos a lo largo del tiempo.
Confiamos cuando percibimos credibilidad, fiabilidad, concordancia entre lo que se dice y se hace, y equidad en la forma de actuar. Cuando alguna de estas dimensiones se deteriora, también lo hace nuestra disposición a exponernos, colaborar o depender del otro.

