Ya lo sabe. No hace falta que se lo diga yo

Alguien detecta un problema. Lo comenta con otra persona. Los dos coinciden en que convendría hablarlo con quien está implicado.

—Ya lo sabe. No hace falta que se lo diga yo. —Y nadie lo hace.

Es fácil interpretar este tipo de situaciones como falta de valentía. A veces lo será, pero no siempre. En muchas ocasiones pensamos que no nos corresponde. O esperamos que sea otro quien dé el paso. O damos por hecho que la persona debería haberse dado cuenta por sí misma. Mientras tanto, el problema continúa.

Conversaciones sin dueño

En los equipos hay conversaciones que no se retrasan porque sean especialmente difíciles, se retrasan porque nadie termina de asumir que también son responsabilidad suya. Todos ven el problema. Incluso puede existir bastante acuerdo sobre lo que habría que hacer. Lo que no está claro es quién debe iniciar la conversación y, cuando eso no se ha hablado previamente, aparece una especie de responsabilidad difusa: alguien tendrá que decírselo. Pero «alguien» no suele estar presente en las reuniones.

Saberlo no es lo mismo que escucharlo

Hay además una trampa en esa frase: «Ya lo sabe». Quizá sí. Quizá la persona sea consciente de que algo no está funcionando; pero saber que existe un problema no significa necesariamente comprender cómo lo están percibiendo los demás, qué consecuencias está provocando o qué necesitan de nosotros.

A veces una conversación no sirve para comunicar algo desconocido, sino para hacer explícito algo que todos conocen pero nadie está abordando.

El coste de esperar

Cuanto más se retrasa una conversación necesaria, más difícil suele resultar tenerla. Aparecen nuevos episodios, nuevas interpretaciones y nuevas razones para justificar por qué ahora resulta todavía más incómodo hablar.

Lo que inicialmente podía resolverse con una conversación sencilla termina convirtiéndose en algo bastante más complejo. Por eso quizá una pregunta útil cuando detectamos un problema no sea solo: «¿Quién debería hablar con esa persona?» Sino también: «¿Qué responsabilidad tengo yo en que esta conversación llegue a producirse?»

Porque algunos problemas de los equipos no permanecen por falta de soluciones, permanecen simplemente porque todos esperan que hable otro.


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