Conflicto: El informe que nadie corrigió.

Puede parecer muy «bonito» eso de compartir responsabilidades, suena bien, ¿verdad? Pero ¡menuda trampa! Compartir responsabilidad supone el riesgo de diluirla y de crear un espacio en el que las responsabilidades pueden quedar huérfanas. Se necesita un escenario y unos perfiles profesionales muy preparados para que esto funcione bien.

El documento llegó a las seis y veinte de la tarde. Asunto: “Versión final – lista para enviar al cliente”.

Marina fue la primera en abrirlo. Había trabajado en el análisis durante tres semanas. Revisó el índice, pasó rápido por las conclusiones y se detuvo un momento en una de las tablas de resultados.
Algo no le cuadró. Volvió atrás. Miró la hoja de cálculo original. Hizo un cálculo rápido en una hoja. Había una cifra que no encajaba. No era un error grave, pensó. Probablemente alguien había redondeado un dato al copiarlo a la presentación.

Escribió en el chat interno:

— ¿Alguien ha revisado las tablas de la página 17?

Al minuto respondió Pablo.

— Sí, yo las miré ayer.

Marina dudó un momento. Si Pablo ya lo había revisado, probablemente estaba bien. Él llevaba más tiempo en la firma. Cerró el documento. A las siete menos diez apareció otro mensaje.

— Equipo, yo también le he dado una última revisión. Todo ok.

Era Laura, la manager. Con dos revisiones más, Marina decidió no insistir. A las siete y media el informe salió hacia el cliente. Dos días después, durante la reunión de presentación, el cliente levantó la mano.

— Perdonad una cosa. En la página diecisiete… ¿este porcentaje está bien?

Se hizo un silencio breve. El cliente giró la pantalla hacia ellos.

— Si sumamos estas tres partidas de presupuesto, el total no puede ser ese. -Volvió a girar la pantalla- O las partidas están mal calculadas o el valor final no es correcto. No podemos firmar con esta duda en uno de los anexos del contrato.

Marina sintió una incomodidad familiar, Pablo miró el documento sin decir nada y Laura pasó rápidamente las páginas.

— Lo revisamos y te decimos algo —dijo.

La reunión continuó, pero el ambiente había cambiado. Al terminar, nadie hablaba demasiado. En el ascensor, Laura preguntó:

— ¿Quién revisó esa parte?
— Yo miré las tablas —dijo Pablo.
— Yo también lo vi —añadió Marina—, pero pensé que ya estaba comprobado.

Laura suspiró. Tres personas habían revisado el informe y el error estaba allí desde la primera versión.



Lo que puede estar pasando: Es frecuente que en los equipos aparezca un fenómeno muy conocido en psicología organizacional: Cuando varias personas son responsables de revisar algo, cada una tiende a asumir que otra lo comprobará con más detalle. Esto ocurre por una mezcla de factores muy humanos:

  • Confianza en el criterio de otros.
  • Jerarquía implícita (“seguro que ya lo han visto”)
  • Presión por no retrasar el trabajo.
  • Sensación de que el control está cubierto.

El resultado es curioso. Cuantas más revisiones hay, más fácil es que nadie revise de verdad.



Cuando un documento es crítico, ayuda mucho hacer algo muy simple: Asignar un único responsable de la revisión final, no a varias personas que le “echen un vistazo”.

Cuando algo es importante (también habría que actuar así cuando no lo es) necesitamos a una persona que sepa claramente: “La revisión del documento es mi responsabilidad, no de otros.”

Cuando la responsabilidad es clara, la atención que dirigimos a la tarea, su prioridad e importancia cambian y ocupan su lugar.

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