Conflicto: La reunión que terminó demasiado rápido.

Hay silencios que aportan más información que muchas conversaciones. Solo es necesario estar alerta y escucharlo. Si se trata de un patrón, algo que se repite, entonces, con gran probabilidad, estaremos ante un conflicto

– Entonces, ¿estamos todos de acuerdo?

La pregunta quedó unos segundos en el aire. En la pantalla seguía abierta la última diapositiva: “Propuesta de lanzamiento – versión final”. Carlos cerró la tapa del portátil con cuidado. Lucía hizo un pequeño gesto con la cabeza, casi imperceptible. Al fondo de la mesa, Javier miraba el móvil.

— Perfecto —dijo el director—. Seguimos adelante.

La reunión había durado once minutos. Durante tres semanas el equipo había discutido ese lanzamiento, habían cambiado precios, modificado el producto, rehecho la presentación varias veces, esbozado varias propuestas de publicación en medios… y aquella reunión se había convocado precisamente para decidir, pero…
Once minutos. Solo once escasos minutos.
Cuando salieron de la sala nadie dijo nada especial. Solo comentarios prácticos: «Bueno, pues habrá que ponerse con ello», «sí, claro», «a ver si esta vez sale bien.»
A las nueve y veinte de la mañana del día siguiente llegó el primer mensaje: Oye, estuve pensando en lo de ayer… ¿no te parece que vamos demasiado rápido con el lanzamiento? A las nueve y treinta y cinco llegó otro: Tengo dudas con el precio que aprobamos. A las diez ya había dos conversaciones paralelas abiertas. A las doce, el director recibió una llamada.

— Oye, Carlos… algunos del equipo tienen dudas con lo que decidimos ayer. -Carlos guardó silencio unos segundos sorprendido. No pudo menos que preguntar:
—¿Dudas ahora?
—Sí… bueno… parece que sí.

La decisión que había quedado cerrada en once minutos empezaba a deshacerse veinticuatro horas después.



Lo que puede estar pasando: En muchas reuniones no se alcanza un acuerdo, se alcanza una ausencia de oposición. Está claro: no es lo mismo.
Hay varias razones por las que ocurre:

  • Nadie quiere alargar la reunión con una discusión incómoda.
  • Discrepar delante de un superior tiene coste.
  • A veces la gente necesita tiempo para pensar lo que realmente opina.

Así que el conflicto no aparece en la mesa, da la cara después: en pasillos, llamadas, correos discretos o conversaciones de café. El desacuerdo no desaparece, solo cambia de lugar.



Antes de cerrar una reunión importante, prueba algo muy simple. No preguntes: “¿Estamos todos de acuerdo?” Esa pregunta invita a asentir.
Utiliza otra pregunta que invite a dar opinión sobre lo que debe ocurrir tras la reunión: “¿Qué temas pueden haber quedado poco claros?”, “¿qué pensáis que debemos hacer a partir de ahora?”, «¿revisamos los próximos pasos?»

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