¿Porqué hablar del SAR en NeuroComunicación?

Las conclusiones de los maestros antiguos se ven avaladas por la neurociencia.

Recuerdo mis primeros encuentros con quien se convertiría en uno de mis maestros. Rafa fue un gran comunicador y su compromiso era compartir su conocimiento con otras personas. Tuve la suerte de ser una de ellas y hoy siguen viviendo en mi cabeza sus enseñanzas.

Como otros grandes formadores, él nos daba criterio para aprender. Una de las materias que impartía trataba de la comunicación y en ella, hacía hincapié en la importancia de ser capaz de “captar la atención del auditorio“. Algo que se nos antojaba obvio y que dejaba de serlo cuando Rafa nos explicaba las técnicas que permitían conseguirlo. Sencillas acciones que provocaban una sorprendente mezcla de atención e interés en tu auditorio, fuera éste de una o muchas personas.

Seguramente habrás tenido la oportunidad de aprender de este tipo de técnicas y de asumir su importancia; pero, ¿por qué el cerebro de nuestro auditorio reacciona frente a estas técnicas?

Si descubrimos el por qué, aprenderemos claramente el cómo.

Déjame que te hable de algo que puede que hayas oído mencionar, puede que ya conozcas en profundidad o puede que sea ésta la primera vez que te lo presentan. Quiero hablarte de una estructura cerebral conocida con las siglas SAR (Sistema de Activación Reticular) y también con el nombre Filtro Reticular.

No pretendo aburrirte con tecnicismos, pero te pido que sigas leyendo hasta el final porque es algo que ayuda a entender el por qué de muchas reacciones en comunicación.

El SAR es una estructura, aún no muy conocida como ocurre con muchas estructuras del cerebro, que se ubica en el llamado Tallo Cerebral (si pones tu mano en la nuca, en la parte que empieza el cuello, estarás muy cerca de él) que tiene la peculiaridad de intermediar entre diferentes estructuras: Por una parte, el llamado sistema ascendente, conecta con la corteza cerebral, el hipotálamo y el tálamo; por otra parte, el sistema descendente, lo hace con el cerebelo y nervios sensoriales. En otras palabras, el SAR conecta la zona de nuestra consciencia y capacidades cognitivas con funciones involuntarias como son los reflejos y la información que procede de todos nuestros sentidos.

Como intermediario, el SAR actúa como filtro de la información.

Son muchas sus funciones, pero en la que te invito a detenerte es precisamente en la de su papel como filtro. Esto significa que en él se asienta nuestra capacidad de centrar la atención sólo en aquello que el SAR considera relevante.

Piensa que tu cerebro, a través de los sentidos, puede estar registrando en un momento dado, unos ocho millones de bits de información (¡ojo!, 8.000.000) y de éstos, el SAR se encarga de rechazar más del 99% quedándose sólo con aquello que ve “interesante. Es decir, de todo lo que oímos, vemos, tocamos, sentimos, etc., este Filtro Reticular sólo deja pasar a nuestra consciencia una pequeña parte. ¡A Dios gracias!, nuestros pensamientos se fundirían si tuvieran que manejar toda esa información al mismo tiempo.

¿Qué criterios utiliza el SAR para filtrar la información?

Se trata de una estructura que, como no podía ser de otra forma, está a nuestro servicio, que actúa según lo que nos puede afectar tanto por lo “bueno”, como por lo “malo”. Es decir, todo lo que se salga de lo esperable, toda amenaza, todo lo que tenga que ver con expectativas que tenemos en ese momento, con nuestros temores, deseos, etc., toda esta información tendrá la posibilidad de que el SAR diga: ¡Venga, pasa, adelante, ve a la parte consciente del cerebro!

Está programada para reaccionar atendiendo a la información relevante. ¿Por qué crees que cuando un matrimonio está recién embarazado, se sorprende al ver muchas más embarazadas por la calle que antes? La razón no está en que haya más embarazos, sino en que el SAR, tanto de ella como de él, atiende a la información relacionada con embarazos con mucha más intensidad que antes y, por ello, “detecta” muchas mujeres embarazadas que antes ni habría reparado en ellas.

¿Qué tiene que ver esto con la comunicación?

¡¡Mucho!! Retomo el inicio de este blog en el que compartía contigo mis primeros momentos con Rafa, mi maestro, en los que insistía en lo importante que es captar la atención de nuestro auditorio y en los que aportaba técnicas para conseguirlo, entre ellas, los conocidos “captadores de atención“.

En aquél momento, recuerdo que me aprendí estos captadores y los empecé a poner en juego con muy buenos resultados; pero no profundicé en los motivos por los que funcionan tan bien. El SAR tiene la culpa. Las técnicas de captación de la atención aprovechan la programación neuronal del Filtro Reticular e incluso, incorporan nuevos elementos en dicha programación que condicionan a la persona a que atienda a lo que estas técnicas pretenden.

Cuando aprendes esto, te haces con algo esencial en un comunicador. Aprendes a preparar tu exposición con los contenidos, secuencias, apoyos visuales y puesta en escena que te garantiza tener en tus manos la atención del auditorio desde el primer instante de tu comunicación. No sólo eso, aprendes a poner en juego estrategias que ayudan a recuperar la atención cuando, por el motivo que sea, se ha perdido. ¡¡Y esto, no es algo que ocurra sólo una vez!!

Si buscas información sobre el SAR, prácticamente todo lo que encontrarás habla de auto-condicionamiento.

Y es normal, porque si tenemos de un sistema que podemos programar para que esté alerta sobre aquella información que tenga algo que ver con nuestros intereses y preocupaciones, puede ser una herramienta útil para promover nuestras posibilidades de conseguir lo primero y defendernos de lo segundo.

Pero existe la otra derivada. Condicionar el SAR de las personas a las que tienes delante en una situación de comunicación. Condicionarlo para que estén atentas e interesadas por todo lo que dices y haces en tu exposición.

No lo dejes de lado. Seguro que en tu día a día manejas un buen número de comunicaciones en las que te estás jugando algo importante.

 

 

La trampa de la justificación (La columna de hoy 21-03-2018)

Con alumnos y profesores del CEU en Montepríncipe

Fue una sesión de las que no te dejan indiferente. Menos de una hora, más de cuarenta asistentes, alumnos y profesores de diferentes disciplinas universitarias y un título con vocación de atraer: ¿La comunicación es una alternativa o una responsabilidad?

Mi papel consistía en sensibilizarles sobre la importancia de la comunicación como vehículo de eficiencia y eficacia, sobre su responsabilidad de manejar con profesionalidad los espacios de interacción que forman o formarán parte de su quehacer diario y sobre la realidad de que esta competencia, la comunicación, se puede y se debe aprender.

Tenemos tan poco tiempo que no podemos escuchar a pacientes ni a alumnos.

A este argumento se unían otros muchos. La tecnología como barrera entre paciente y médico, los procesos diagnósticos que hacen rígida la interacción que un profesional (médico, psicólogo, fisioterapeuta,…) maneja con las personas que se ponen en sus manos, la exigencia y escaso plazo temporal de los planes de estudio que hacen “imposible” la actuación docente en aula, la superespecialización que llena de términos y siglas indescifrables para quien no es experto, las normas y reglas explícitas e implícitas de las redes sociales y de los nuevos canales de comunicación que “obligan” a la inmediatez, a la poda de contenidos, al refugio en frases e iconos que pueden encerrar contenidos contradictorios,…

Y, sin embargo, lo imposible se consigue cuando se sabe mirar.

Sólo bastaba ver la evolución de sus gestos atendiendo a mis movimientos, preguntas, comentarios y silencios, para comprobar que, en su interior, eran conscientes de que lo “imposible” es producto casi siempre de un acomodarse, de ese cómodo sumarse al sentimiento de la mayoría, de un refugiarse en otros aspectos profesionales que por su importancia y relevancia eclipsan algo tan importante como el saber comunicar y hacerlo bien,…

Esas caras con el cansancio pintado en ellas, fruto de las jornadas maratonianas que recorren día a día, y fruto también de la hora en la que empezó la sesión, esas tres y media de la tarde tan propicias para contar con una audiencia atenta y despejada, se transformaron ayudándome a impulsar con mayor convicción y pasión aquello por lo que fui allí: La comunicación es una puerta abierta a consecuencias, para el profesional y para quien depende de él, una puerta que debe asumirse, que exige aprender a utilizarla y que supone la responsabilidad ineludible de aplicarla cuándo, dónde, con quién y cómo debe hacerse para garantizar el mayor valor profesional posible.

Ayer dimos el primer paso, el más difícil.

Convencerse de algo es la antesala a crear valor. Una frase de mi maestro que me acompaña junto a otras muchas que compartió conmigo. Soy consciente de que algunos de los que asistieron se fueron tal cual entraron, pero la impresión general, apoyada por el entrelíneas de las preguntas que hicieron, me confirmaron que muchos de ellos habían roto con la inercia de la justificación, se planteaban ya, con otros ojos, el valor de la comunicación y quizás, ojalá sea así, buscarían alternativas para desarrollarse profesionalmente al amparo de la búsqueda de oportunidades de aprendizaje de esta competencia que es pilar de la inmensa mayoría de las competencias profesionales y personales que podemos incorporar en nuestra mochila particular.

Enhorabuena a todos los que estuvisteis allí y a quienes tuvieron la osadía y sensibilidad suficiente como para crear esa oportunidad para vosotros.

El espejo de la confianza

Así se agrupan los principales resultados

Algunos de vosotros me habéis pedido que os explique qué aporta la herramienta de medición competencial de la Gestión de la Confianza. Como es lógico, parte de la respuesta debo omitirla por protección de know-how, pero aquí os dejo algunas de las conclusiones individuales que se obtienen con ella.

Perfil global

Se trata de un valor común en cualquier análisis competencial. Sitúa a la persona en una escala de cinco niveles en el que el central se corresponde con los niveles medios poblacionales (o con los referidos a un colectivo de una organización en caso de estar trabajando en un proyecto específico para ésta). La peculiaridad de este resultado es que pondera los diferentes componentes competenciales (criterio, predisposición, conocimiento, habilidad y actuación) lo cual lo convierte en una referencia útil para ajustar la interpretación del resto de resultados.

Valencia competencial

Nos indica el nivel de predisposición que muestra la persona a intervenir en aquellos escenarios en los que la confianza es una clave de eficiencia y/o de eficacia. Ayuda a diferenciar entre los que pudiendo hacer, no hacen de los que hacen con independencia de disponer o no de capacidades.

Eficiencia en el manejo de variables

En este apartado se evalúa la medida en la que la persona dispone de herramientas para manejar las principales variables que condicionan la confianza en una interacción. Nos ayuda a comprobar no sólo cuáles son las herramientas de las que dispone, sino también cuáles de ellas son las que utiliza con mayor frecuencia.

Indice Razón/Emoción

Por medio de este indicador, podemos valorar si la gestión de la confianza que realiza la persona está movilizada a través de la interpretación racional de la situación o de la valoración emocional. Es un indicador útil debido a que permite inferir, correlacionándolo con otros, la solidez de inteligencia emocional que demuestra.

Indice Intención/Acción

Otro indicador dirigido a comprobar si la acción va precedida de una valoración de la situación o si la persona realiza la interpretación de la situación a medida que va actuando sobre ella. Es un valor que debe analizarse en relación estrecha con la experiencia de la persona, debido a que en perfiles de elevada experiencia, es más común disponer de esquemas de conocimiento que aceleran la actuación competencial.

 

Gestionar la confianza. Estudio completado

La última pieza ha encajado en el modelo.

En estas semanas hemos validado el sistema de medición de niveles competenciales relacionados con la capacidad de gestionar la confianza. La colaboración de muchos de vosotros ha sido clave para verificar la validez, fiabilidad, discriminación, sensibilidad del sistema y obtener datos de referencia que permitan establecer niveles y definir estrategias organizativas y profesionales.

Una competencia en continua transformación.

No podía ser de otra forma. La transformación digital, los entornos VUCA, la evolución de expectativas en las nuevas generaciones, la transversalización organizativa,… Todo impacta en la forma de gestionar las interrelaciones profesionales a nivel interno organizativo y a nivel externo con clientes, proveedores, agentes sociales, etc.

La evolución de las exigencias competenciales no es ajena a esto, al contrario, se produce un claro reajuste en las finalidades, criterios, palancas motivacionales, estrategias, técnicas, procesos y habilidades asociados a cualquier competencia. Y probablemente, una de las que mayor transformación está experimentando, es la capacidad de gestionar la confianza, esa realidad, a veces mal definida, que viene condicionada por el entorno en el que nos movemos, los canales de comunicación que utilizamos, el conocimiento del que disponemos, el histórico de relación que se ha ido creando con nuestros interlocutores y, cómo no, nuestra forma de interactuar con ellos.

Hacer tangible una estrategia profesional.

El modelo en el que llevamos trabajando desde hace varios años y que, en los dos últimos, se ha integrado en varios proyectos que han validado su valor, demuestra ser una interesante referencia organizativa y profesional para interpretar escenario y perfil, detectar y priorizar oportunidades y riesgos, definir estrategias y canalizarlas a través de procesos y técnicas que permiten desarrollar las habilidades y conocimientos necesarios para construir y preservar entornos de confianza en las complejas situaciones de interacción profesional que vivimos actualmente.

Un modelo que se integra de

  • 4 factores que influyen en las interacciones profesionales
  • 8 variables asociadas a dichos factores
  • Interrelaciones que se producen entre estas variables
  • 4 estrategias clave de intervención
  • Procesos y técnicas asociadas a cada estrategia
  • Habilidades y comportamientos exigidos

Un modelo que permite

  • Analizar escenarios organizativos
  • Evaluar perfiles profesionales
  • Establecer alarmas de oportunidad o riesgo
  • Proponer alternativas de actuación

Gracias a todos los que habéis colaborado en este último tramo.

Vuestro apoyo se ha sumado al esfuerzo que llevamos realizando desde hace tiempo y nos ha permitido culminar en tiempo y forma, el reto con el que nos habíamos comprometido y que nos ayuda a seguir creciendo en el valor que intentamos aportar profesional y personalmente a todos los que ponen su confianza en nuestras manos.

En pocos días, aquéllos que nos habéis pedido que os remitamos el informe derivado de vuestra aportación, os lo haremos llegar a través de la dirección de email que nos indicasteis al participar en la encuesta.

La transformación ha venido para ser una compañera de viaje que tiene decidido quedarse con nosotros.

 

Herramienta Confianza. Próximos resultados

164 personas han colaborado con su aportación individual

Esta semana termina el plazo que fijamos para recoger las colaboraciones dirigidas a completar datos para el estudio relacionado con la herramienta de medición competencial “Gestión de la Confianza”.

A todos los que habéis participado y solicitado que os remitamos resultados, os enviaremos en una a dos semanas, las conclusiones globales del estudio y vuestros perfiles competenciales.

Mantenemos abierto el canal hasta este viernes 16 de marzo.

Encuesta2
Haz clik para colaborar en el estudio

Apariencia vs Contenido – ¿Resurge la sensatez? (La columna de hoy 09-03-2018)

Nos dejamos llevar por los titulares y planteamos decisiones con poca base

Esta frase la pronunció ayer la directora de negocio de un nuevo cliente. Analizábamos un programa que nació de la idea de “hacer algo para animar a los equipos” y que fue tomando forma hasta convertirse en algo que debía “implicar, responsabilizar y movilizar contribución en los equipos de negocio”.

Este cambio de idea sirve para hacerse idea del recorrido que fue viviendo la iniciativa. De hecho, quien pronunció la frase que encabeza este post, mostró cierto escepticismo ante lo que en un principio, le proponía RRHH para “animar a sus equipos“.

La propuesta inicial era llamativa, atractiva e impactante.

Es cierto. Cuando nos llamaron para que aportáramos nuestra opinión y planteáramos alternativas, nos encontramos con un claro malestar en RRHH porque consideraban que habían planteado una “muy buena propuesta” que no estaba siendo entendida por la dirección de negocio. La revisamos con ellos y comprobamos que estaba magníficamente diseñada, incorporaba títulos y slogans sugerentes, hablaba del éxito que se conseguiría con el programa e integraba diferentes canales de comunicación que la ubicaban en el “top de las propuestas digitales”.

Reconozco que hubo un momento en el que pensé que dar nuestra opinión, sería el desencadenante de que nos descartaran como posibles proveedores; pero tuvimos que hacerlo. Habían creado una apariencia excelente aunque desvinculada de un contenido coherente con la realidad de los equipos y la exigencia de negocio de la dirección.

La propuesta final aprovechó la apariencia y la dotó de contenido

No trabajamos tal cual solemos hacer porque debíamos tomar en seria consideración el planteamiento por el que apostaba RRHH. Protegimos este planteamiento y lo fuimos dotando de base, se consistencia, anclándolo en aspectos menos atractivos aunque vinculados en los objetivos de negocio, sus procesos, la realidad de los equipos, los recursos, medios,…

Llegó el momento de la presentación a la dirección de negocio. Ayer mismo. Se notó cierta tensión en la sala al inicio, pero los mensajes fueron encajando y recibiendo paso a paso, la aprobación de la directora de negocio quien, al terminar, pronunció aquella frase.

Percibo un incremento en la exigencia de que los programas estén dotados no sólo de apariencia, sino también, de contenidos anclados a la realidad, que tracen una evolución de consecuencias clara y medible.

Brindo por ello.


Recuerda que tienes acceso al programa “Refuerza tu perfil profesional” y que aún puedes colaborar en la valoración que estamos haciendo de la “Herramienta para medir la competencia Gestión de la Confianza.


 

Herramienta para medir la competencia “Gestión de la Confianza”

¿Quieres echarnos una mano?

Estamos realizando el estudio técnico de la herramienta de evaluación de la competencia “Gestión de la Confianza” y de la habilidad en el manejo de las variables que la integran.

Accede al test de confianza
Accede al test de confianza

Para ello, estamos contando con personas que como tú, se adhieren a esta iniciativa y acceden al test para compartir su evaluación con nosotros (a los que nos lo solicitan expresamente, les remitiremos el informe competencial individual con una valoración comparativa con los resultados globales del estudio).

Participa de esta iniciativa: haz clic en la imagen para acceder al test.

¡¡Gracias por colaborar con nosotros!!

86 profesionales se han sumado a la inciativa

Hace una semana compartí la iniciativa “Refuerza tu Perfil Profesional” con el primer itinerario “Modelo y Criterio Competencial”. El objetivo era crear un espacio para profundizar en modelos, estrategias, técnicas, etc., relacionadas con esos elementos que nos diferencian como profesionales y como personas.

ImagenArticulo

86 personas os habéis sumado en estos primeros días, 126 descargas de documentos y vídeos, todo ello sumado a 31 comentarios dándome vuestra opinión y animándome a seguir en esta línea que, aunque cuesta esfuerzo, vale la pena.

Os iré contando cómo evoluciona
El mes que viene abriré el segundo módulo

Crear GPS profesionales (La columna de hoy 22-02-2018)

El arte y el valor de trazar líneas

Estaba compartiendo un poco habitual tiempo de charla con el CEO de una empresa que implanta servicios tecnológicos desde hace años. Estábamos analizando una posible línea de colaboración y, siguiendo una de mis costumbres, puse encima de la mesa mi agenda, clásica, de las de papel, y con uno de esos rotuladores de punta fina que tanto me gustan, empecé a llenar una hoja con las ideas que habíamos compartido hasta ese momento.

Pasé página y ordené los garabatos de la anterior, en una estructura que ponía de manifiesto las interrelaciones que existían entre ellos. Dos hojas más sirvieron para llegar a un esquema que asocié con la imagen del ancla de un barco y que utilizamos, a partir de ese momento, para poner en claro lo que la línea de colaboración suponía para ambos, sus exigencias, las variables a tener en cuenta y cómo trazar un proceso de acciones que la hiciera realidad.

Él cogió mi agenda y revisó las hojas una a una.

  • ¿Cómo haces esto?
  • ¿El qué?
  • Convertir una charla en un GPS

Me llamó la atención su comentario por el término que utilizó. Uno al que suelo referirme con frecuencia. Contesté que ése era uno de los pilares básicos necesarios para ser consultor, que el valor que aportamos a cualquier organización depende en buena medida de nuestra capacidad de hacernos con modelos que sirvan de referencia para entender, explicar e intervenir en una realidad concreta.

  • No es lo mismo “hacerte” con un modelo que “crearlo”
  • En nuestro trabajo hay muchas líneas de actuación en esto – le dije -. Hay quien crea modelos, hay quien toma como referencia los modelos creados por otros, hay quien adapta modelos a nuevas realidades,…
  • No es lo mismo que vengas con un modelo pre-elaborado para analizar mi realidad a que utilices mi realidad para crear un modelo específico que sirva de GPS.

Esta última afirmación nos llevó a unos cuantos minutos de discusión porque tenía su buena parte de razón y, al mismo tiempo, existían muchas evidencias de que no siempre era así.

Usar la información de otro para ayudarle a reinterpretar su realidad

Dentro del conjunto de aportaciones que los consultores debemos dar en los proyectos que intervenimos, siendo todas ellas importantes según la situación, suelo destacar dos: Saber crear “GPS” y saber implantarlos. Y hablo de ambas al mismo tiempo porque la primera debe ser concebida para condicionar la segunda y porque ésta última sólo funciona bien, cuando se dota de la primera.

Una labor interesante la nuestra. 

Compromiso pendiente

COMPROMISO PENDIENTE (Jaime Ros Felip, 2018)

Subes por el sendero que has recorrido tantas veces y sientes dentro de ti el conocimiento de todo lo que te rodea. Hoy dominas este camino. Te ha costado mucho llegar a manejarte con tanta maestría. Reconoces cualquier signo, cualquier detalle. Sabes anticipar cuándo llegará el riesgo y cómo defenderte de él.

Aunque sientes que lo que has logrado es tuyo porque tú lo has conseguido con tu esfuerzo, eres consciente de que una mano te ayudó en tu aprendizaje. Tu maestro. Aquél que se unió a ti sin que lo pidieras, que supo estar a tu lado exigiéndote lo que no habrías sido capaz de exigirte, que se mantuvo cerca y lejos, dejándote caer, moviéndote a que te levantaras. Hace tiempo que se fue. Vuestros caminos coincidieron durante lo necesario para que tú aprendieras. Después, tras varios años, su vida se apagó dejando tras de sí una estela de discípulos que aprendisteis de él.

Sigues avanzando y tu pensamiento se concentran en tus habilidades. Te gusta verte a ti mismo actuar como eres capaz de hacerlo. Es tu éxito. Ha sido tu esfuerzo. Has sido capaz de convertir esos talentos con los que naciste, en algo real, en algo que otros admiran. Por eso te llaman experto. Por eso acuden a ti. Son muchos los que se acercan pidiéndote que seas su maestro. Sin embargo, ninguno de ellos se queda a tu lado. Piensas que deben ser ellos los que deben aprender por sí mismos, los que tienen que enfrentarse al sendero y crear su propio aprendizaje. Tú estás para algo más importante.

Una voz se acerca. La oyes y la sientes llegando a ti desde algo más abajo. Te llama. Al principio, sientes curiosidad, pero para poder saber quién es, debes retroceder en tu camino. No es el momento de hacerlo. Tú estás para algo más importante. La voz insiste. Te pide ayuda. Quiere aprender de ti. Parece estar más cerca. Pero tú sigues tu camino. 

Se ha despertado el viento. Llega arremolinado y te envuelve. No es la primera vez que te enfrentas a él. Hoy parece distinto. Quizás seas tú. Notas una creciente debilidad en tus brazos y piernas. Te cuesta avanzar. La voz sigue llamándote y tú la ignoras. Tienes mucho que hacer. El sendero se llena de polvo agitado por el aire. Golpea tu ropa y proteges los ojos con las manos, abriendo los dedos para poder ver. Te preguntas qué está ocurriendo. No es la primera vez que el viento dificulta tu camino, pero algo dentro de ti merma tu capacidad de reacción. La voz insiste y te molesta. Sus palabras piden ayuda y no se da cuenta de que tú estás para algo más importante.

Caes al suelo. Intentas levantarte y no puedes. Te sientes débil. Las hojas arrancadas de los árboles giran a tu alrededor en un baile caótico. Empiezas a sentir miedo. Te arrastras desandando tu camino y retrocediendo. No eres capaz de hacer lo que antes conseguías con facilidad. La voz está muy cerca. Pronuncia tu nombre y esta vez, la escuchas. Es una voz familiar. La conoces aunque no sabes de qué.

  • ¿Por qué no me ayudas? ¿Por qué guardas tu conocimiento para ti?

Te sorprende su arrogancia. Tu conocimiento es tuyo, tú lo ganaste, tú luchaste por conseguirlo. Tus brazos tiemblan. Sientes frío.

  • No es cierto – dice la voz -, vino de otros, lo encontraste porque otros te lo dieron.
  • Pero fui yo quien luchó por él, eran míos los talentos que hice crecer con él.
  • Tu cuerpo se debilita. Ese gran aprendizaje que lograste, te está abandonando. Te estás quedando sólo.

La voz tiene razón. Lo estás sintiendo dentro de ti. Tus pensamientos no son claros. Te mueves torpemente. Jamás pensaste que esto podría ocurrir.

  • Te ocurre porque no has cumplido el compromiso.
  • ¿Qué compromiso? – Preguntas con dificultad.
  • El que adquiriste cuando te encontraste con tu maestro.
  • Yo no firmé nada. No recuerdo haberme comprometido a nada. – Intentas gritar, pero tu voz suena como un susurro.
  • Pretendes apropiarte de lo que no te pertenece.

De repente, el aire se calma, el ruido cesa, los temblores se van. Te encuentras mejor. Levantas tu cuerpo y miras hacia abajo. No ves a nadie. Diriges tu mirada hacia el sendero. Debieras seguir subiendo, pero no sabes cómo. El miedo sigue dentro de ti y va creciendo. ¿Dónde está tu sabiduría? Estás vacío de ella. Se ha perdido. Tú luchaste por ella y te ha abandonado.

  • ¡Voz! – Gritas con fuerzas – ¿Dónde estás? ¿Qué me has hecho?

Silencio. Vuelves a gritarle al vacío y no obtienes respuesta. Te sientas en una pequeña roca y unes tus manos para frenar el temblor que ha regresado.

  • Ayúdame – ruegas no sabes a quién -, no me dejes sólo.
  • Cumple tu compromiso – ¡Ha regresado! Está contigo. Sientes que no estás sólo. Preguntas deseando sanarte. Pides que te diga qué debes hacer para volver a ser tú mismo.
  • Jamás serás tu mismo. Cada día cambias.
  • Lo he perdido todo.
  • Hay que perder para ganar. Debes desprenderte de lo tuyo para poder mantenerlo en ti.
  • ¿Eres mi maestro? – Has reconocido su voz, es él. No puede ser, había muerto.
  • Sólo muere lo que se olvida. Tú estás matando lo que te di.
  • No te entiendo – Sientes ganas de llorar.
  • Te ayudé sin que me lo pidieras. Estuve a tu lado haciéndote crecer. Lo que te di, lo aprendí de otros. Si no te lo hubiera dado, lo habría perdido como te está ocurriendo ahora a ti.

Crees entender lo que te dice tu maestro. Vuelves a sentir lo que sentías cuando estabas con él y te gusta. Empiezas a notar en ti lo que él te daba y que tú no has dado jamás. Repites en tu cabeza un pensamiento que antes era firme: Tú estás para algo más importante. Ahora lo ves como un error, como un peligro. Tú estás para enseñar lo que aprendiste.

  • Si alguien te regala el tesoro de ser tu maestro, sólo podrás mantener ese tesoro si te desprendes de él y lo compartes con aquellos que puedan necesitarlo de ti.

La voz sigue ahí, pero no sabrías decir si está fuera o forma parte de ti.