Ocurrió durante una convención de la red comercial de una multinacional, en el norte de España. Más de doscientas personas participaban en un programa sobre claves comerciales.
Después de ocho horas de trabajo intenso, el equipo de consultores nos reunimos. Eran las doce y media de la noche.
La primera jornada había sido mucho más dura de lo previsto. Habíamos encontrado resistencia, discusiones difíciles y una oposición que probablemente aumentaría al día siguiente.
El equipo estaba agotado.
Y, sobre todo, había empezado a dudar de sí mismo.
Quien dirigía el proyecto se levantó y dijo algo parecido a esto:
«Si dejamos de creer en nosotros, mañana habremos perdido antes de empezar. Tenemos el método, el conocimiento, las habilidades y los medios. Nada de eso ha cambiado desde esta mañana. Lo que necesitamos recuperar es la confianza para utilizarlos».
El día siguiente fue duro. Pero funcionó.
Y durante los años posteriores aquel equipo consiguió avanzar en una situación que la organización llevaba mucho tiempo intentando resolver.
Aquella noche aprendí algo que después he vuelto a observar muchas veces:
Una persona puede conservar intactas sus competencias y, sin embargo, dejar momentáneamente de sentirse capaz de utilizarlas.
La presión no siempre elimina nuestros recursos. A veces altera nuestra percepción sobre ellos.
Por eso, cuando alguien empieza a dudar de su capacidad en una situación difícil, quizá la pregunta no sea solo qué le falta.
Puede ser también:
¿Qué necesita recuperar para volver a utilizar lo que ya tiene?

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