No creo que se hayan perdido los valores como mucha gente afirma, Barquero.
¿Por qué lo dices?
Porque pienso que los valores siguen ahí. Al fin y al cabo son beneficios que buscamos las personas. Se trata de percibir que hay algo que supone un valor para nosotros y que sin él podemos tener una pérdida o no conseguir una oportunidad. Los valores siempre estarán ahí mientras haya seres humanos que necesiten algo y, sin duda, todos tenemos infinidad de necesidades.
Estoy de acuerdo con lo que dices en él, aunque matizaría algunas cosas.
¿Como qué?
Esa percepción de que se están perdiendo los valores a la que te refieres nace de una falta de alineación de los valores con los principios. Es algo que quien es aficionado a la historia, lo sabe. Las sociedades que han pasado por largos periodos de bonanza, han perdido la necesidad de mantener los principios como ejes que controlen y guíen.
Cuando hay dificultad, se necesita algo que nos ayude a todos a salir de ella, cuando no la hay, como no sentimos riesgo, podemos «olvidarnos» de ese control y guía por lo que tendemos a centrarnos en lo inmediato. El medio y largo plazo no nos preocupa, no hay dificultades, así que «a vivir que son dos días«. Es una expresión muy vuestra, ¿no?
Sí lo es. Pero ¿cuál es el matiz al que te refieres?
Estoy hablando de cómo va cambiando la escala de valores, es decir, la importancia que le dan las personas a sus valores, a sus necesidades. En tiempos de bonanza, empiezan a tomar protagonismo los valores de efecto inmediato. Preocupan menos los valores a largo plazo porque sentimos una ficticia protección que los va a preservar, de tal modo que los olvidamos. Empezamos a centrarnos en aquello que nos reporta un beneficio a corto plazo y no miramos más allá. Olvidamos que beneficios a corto pueden suponer perjuicios a largo plazo.
Los Principios están tanto en el corto, como en el medio y largo plazo. No puede romperse su cadena temporal. Si ésta se rompe, como te decía al principio de nuestra conversación, la sociedad empieza a enfermar. Ahí es el momento en el que se inicia lo que después se convertirá en una crisis evidente.
Estas hablando de los valores internos, externos y de los trascendentes.
Claro. Los primeros, esa necesidad de crecer personalmente, de tener seguridad, de protegernos…, requieren esfuerzo y tenacidad para lograr el beneficio del crecimiento personal. Tanto es así, que ambos temas, esfuerzo y tenacidad, se convierten en valores en sí mismos. En el momento en que los principios se «olvidan como referencia», estos valores pierden importancia porque no sentimos riesgos como ocurre en situaciones de crisis. Los trascendentes, también tienden a reducirse porque en entornos de bonanza, la sociedad no percibe el drama de la necesidad del prójimo, no se teme la pérdida de la relación, ni otros muchos valores trascendentes.
En cuanto a los valores externos, son los que empiezan a protagonizar también la escala de valores y lo hacen desatándose del resto de valores y, por lo tanto, convirtiéndose en fuente de lo que después surgirá como crisis.
Por eso se busca la inmediatez y el cortoplacismo.
Por supuesto. Las épocas de bonanza tienen el riesgo de consolidar esta situación en la sociedad, lo cual la desnuda de armas para enfrentarse a los nuevos ciclos que seguro, han de venir. Habrás oído esa frase que dice algo así como: tiempos duros crean hombre duros, hombres duros crean tiempos fáciles, tiempos fáciles crean hombres débiles y estos crean tiempos duros.

Deja un comentario