Una pizca de sal (401-420)

HombreLibroAlguien me dijo hace poco que uno de los saltos más importantes que hace el ser humano es cuando es capaz de entender y asumir que la mayor parte de lo que es, es consecuencia de los demás.

Esto me llevó a escribir las dos primeras frases de las que comparto con vosotros hoy. Ya que quizá otro “salto” importante del ser humano es darse cuenta de la responsabilidad que tiene por ser causa de lo que los demás son. 

Quizá debiéramos tener algo más de cuidado e incluso aprovechar esta segunda cara de la moneda.

  • Cuidado, cualquiera de nosotros estamos creando referencias a nuestro alrededor con nuestra forma de comportarnos
  • Debiéramos preguntarnos de qué somos maestros sin darnos cuenta
  • Hay quienes no dirigen sino que se limitan a controlar resultados
  • Si de verdad crees, no te dejes llevar por las noventa y nueve razones que gritan no. Hay una que aún está diciendo sí. Búscala y escúchala.
  • Aun en el dolor hazle hueco a la sonrisa.
  • Es habitual que el “no” sea la primera respuesta fácil del pensamiento
  • Las palabras actúan como un boomerang, después de pronunciarlas, tarde o temprano, vuelven y a veces sorprende lo que traen de vuelta
  • El `hacer por hacer´ debiera sustituirse en muchas ocasiones por el `hacer para hacer´
  • Los humanos somos magníficas herramientas de autojustificación
  • Con lo que tu padre no te enseña, cuando la vida te lo exige, tu alma se empeña
  • Busca una salida y, con suerte, encontrarás un refugio
  • Qué malos jueces somos de nosotros mismos
  • Es curioso ver cómo a los humanos nos cuesta hacer aquello que parece tan lógico
  • No dudes de ti, las barreras más frecuentes las creamos nosotros mismos y desaparecen cuando las ponemos en tela de juicio.
  • Una responsabilidad de todos es preparar a nuestros jóvenes para que vean que el crecimiento requiere esfuerzo y sufrimiento
  • Con pocos materiales y una buena idea, creas algo grande. Con los mejores materiales y sin ideas, no llegas a nada.
  • Si te justificas en el odio justo o injustificado, acabarás destruyéndote a ti mismo y a quienes te rodean.
  • Cruel espejo es el que nos regalan algunas preguntas
  • Piensa en qué está destinando esfuerzo tu equipo y en porqué lo hacen. Es muy posible que la respuesta te inquiete porque hablará de ti.
  • Muchos quieren para si lo que no desean para los demás

6. La Caja Negra: Tatami

Lo tenemos delante y seguimos sin verlo. ¿Qué es lo que hace que los profesionales nos compliquemos tanto la vida, Barquero? Cuántas veces nos ocurre que somos incapaces de ver lo que tenemos delante y cuando alguien nos lo muestra, se nos pone cara de “tontos” por no haber sido capaces de darnos cuenta por nosotros mismos. CN_6Eso tiene que ver con el dicho “los árboles no dejan ver el bosque”. Lo normal en cualquier profesional es que esté concentrado en la infinidad de exigencias que tiene su día a día y que cambian de un momento a otro, se persiguen entre sí, son escurridizas… Tanta atención reclaman de él, que no busca un espacio de reflexión que le permita elevarse por encima del bosque o si decide buscarlo, lo utiliza en lo mismo que hace todos los días, concentrarse en la infinidad de exigencias. Hubo un cliente que me dijo que una de las mayores aportaciones que podíamos dar los consultores era la de ayudar a reinterpretar el escenario profesional en el que ellos se mueven. Como si ayudáramos a elevarlos por encima del bosque. Creo que ese cliente tuyo tenía mucha razón; pero no debes caer en la trampa que esa frase encierra. Por supuesto que el valor que aportáis está en esa reflexión que ayuda a reinterpretar; pero esa reflexión debe estar guiada por un criterio que sea operativo, es decir, que pueda incluso utilizarse desde dentro del bosque una vez lo hayáis compartido con ellos. A eso nosotros lo llamamos “tatami”. Dejo aquí un link a una comunicación en la que abordábamos este tema.

La Caja Negra: Tatami

Los duendecillos

DuendecillosEn una de las sesiones formativas que impartí, el comportamiento de los profesionales que participaban en ella, me recordó algo que escribí hace unos cuantos años y que se lo dediqué a una de mis hijas. Resultó curioso cómo aquellos hombres y mujeres con largas trayectorias profesionales y mucha experiencia acumulada, se dejaran controlar por aquello a lo que hacía años, bauticé con el nombre de “duendecillos” y que utilicé para ayudarme a mí mismo a actuar como padre.

Parece que en ocasiones, los adultos no somos tan adultos como parecemos. Lo cual pienso que no es del todo malo, salvo que sea porque los “duendecillos” nos estén dominando.

Comparto este cuento con vosotros. Espero que os guste.

LOS DUENDECILLOS (Jaime Ros Felip, 2000)

El agua del río era verde. Hacía buen tiempo. Era verano. Las campanadas de las siete de la tarde se sucedían una tras otra llamando la atención de los que por allí, paseábamos.

Fue entonces cuando los vi. Estaban revoloteando alrededor de Almudena y desde entonces, encontraron en ella un lugar donde jugar y divertirse. Un lugar donde hacer sus travesuras, apareciendo y desapareciendo cuando menos lo esperábamos.

Le conté a Almudena la historia de esos pequeños duendes. Le hablé de que hacía muchos años, en un lugar desconocido y mágico, existía una gran montaña que se elevaba hasta casi las nubes hacia las que enviaba delgadas columnas de humo blanco. Era un volcán. El volcán de los gnomos. Aquel sitio en el que tuvieron que encerrar a los duendes revoltosos.

Los gnomos eran buenos guardianes. De todos los gnomos que existen y han existido, éstos se preocupaban de evitar que los duendecillos traviesos molestaran a los humanos. Por eso tenían que encerrar a algunos de ellos en la montaña-volcán. Allí los cuidaban y enseñaban que no debían portarse mal. Aquellos duendes que aprendían, conseguían salir; los que no querían aprender, se quedaban encerrados en la montaña-volcán.

En una de las grandes salas que existían en el interior de la montaña, vivían los duendecillos de los que hablé a Almudena. Eran una gran familia. Todos hermanos. Hacía muchísimo tiempo que los gnomos les encerraron y no conseguían aprender. No tenían remedio. Sus nombres servían para explicar cómo eran, lo cual ocurre con muchos de los duendes que viven en el mundo. El duendecillo gruñón siempre estaba protestando, el duendecillo enfadica mostraba constantemente su malhumor, el duendecillo bromista buscaba cualquier oportunidad para sorprender a sus hermanos, el duendecillo serio era incapaz de reír, en cambio, el duendecillo carcajadas no podía parar de reír. Eran veinte hermanos, cada uno con su nombre y su forma de ser.

Ocurrió que la montaña-volcán que siempre había estado tranquila, empezó a rugir con fuerza y todo a su alrededor tembló. Los árboles se doblaron, los animales salieron corriendo y los gnomos se sintieron muy preocupados temiendo que se les cayera el techo sobre sus cabezas. Durante muchos días y muchas noches la montaña siguió rugiendo y el humo blanco se convirtió en humo negro. De repente, un sonido horroroso rompió la noche y la tierra tembló aún más. Los gnomos decidieron prepararse para sacar de allí a todos los duendecillos, y cuando estaban dispuestos a llamarlos a todos, el ruido cesó y la tierra se calmó. La montaña-volcán volvió a su quietud y a su tranquila columna de humo blanco. Todo había pasado. Los gnomos volvieron a su cama y durmieron contentos porque el peligro había pasado.

A la mañana siguiente, salieron a respirar aire fresco después de desayunar y vieron la grieta en la ladera de la montaña. El temblor de la noche la había abierto. Los gnomos corrieron hacia ella y vieron con espanto que a su través se podía ver la habitación de los veinte hermanos duende y que estaba vacía.

Mucho tiempo buscaron por los alrededores y no los encontraron jamás. No se tuvo noticia de ellos hasta que yo los vi. Allí estaban, encariñados de Almudena y consiguiendo que se enfadara, se riera, gastara bromas a sus hermanos e hiciera muchas cosas extrañas según fuera el duendecillo que jugaba con ella.

Aquel día, junto al río de agua verde, le conté la historia de los duendecillos a Almudena, y le dije que tuviera mucho cuidado. Los duendecillos hacían lo que querían si ella no los vigilaba. Y así lo hicieron. Cuando menos nos lo esperábamos, las cejas de Almudena se juntaban ofendidas y su cara mostraba un inesperado enfado.

  • ¡Almudena, el duendecillo! ¡Lucha contra él!

Ella intentaba separar sus cejas y hacer sonreír a sus labios. Durante unos largos segundos, luchaba contra el duendecillo enfadica. En otras ocasiones, era el duendecillo bromista, en otras, el serio. Uno tras otro querían jugar con Almudena y ella luchaba para tenerlos controlados.

  • ¡Almudena, el duendecillo! ¡Lucha contra él!

Esta frase se repitió muchas veces desde el día que estuvimos en el río de agua verde. Poco a poco, ella ha aprendido a controlarlos. Bueno, casi siempre lo consigue. Ya los conoce bien y los frena en cuanto nota que se acercan. Porque a un duendecillo travieso hay que pararlo al principio, cuando aún se puede.

Una pizca de sal (381-400)

HombreLibroEsta sucesión de meses que todos llevamos a nuestras espaldas, está poniendo a prueba lo mejor de nosotros mismos. Probablemente, la frase que encabeza la lista que comparto hoy con vosotros, podría convertirse en un titular cotidiano de todas las mañanas. Es posible que una de las consecuencias de esta primera, sea un incremento de protagonismo de la séptima de la lista. No estoy seguro de ello, pero mi intuición (que casi nunca acierta) me dice que sí.

Espero que alguna de ellas os aporte algo.

  • Si sientes que lo que tu alrededor te pide te supera, destina unos segundos a coger aire y después, ¡a por lo que puedas!
  • Lo importante no es fácil o aunque lo sea, nos empeñamos en hacerlo difícil
  • Si no me esfuerzo por escucharte, difícilmente podré entenderte
  • La identidad que percibimos de nosotros es una piel con la que pretendemos conciliarnos con la complejidad que tenemos en nuestro interior
  • Nos preocupamos mucho por grandes cosas sin darnos cuenta de que es en los pequeños detalles donde está realmente nuestra vida
  • Hay quienes son capaces de sacrificar cien días para obtener un minuto de gloria
  • Al mirar hacia delante, nos acompaña la incertidumbre, al echar la vista atrás, la justificación
  • Antes de tirar la toalla, piensa si vas a tener que recogerla de nuevo y vuelve a colgártela al hombro
  • Qué fácil resulta defender la importancia de fomentar el desarrollo de otros y qué difícil es convertirlo en una práctica habitual
  • En el mundo empresarial, no saber escuchar genera pérdidas económicas y una infinidad de conflictos
  • Cuánto nos cuesta escuchar a los demás y cuántos problemas generamos por no saber hacerlo
  • La ignorancia es la semilla del daño y el menosprecio, el veneno del alma
  • El buen aprendizaje distribuye pasado, presente y futuro en una línea de consecuencias, a veces incómoda y siempre apasionante
  • Es curioso cómo quienes menosprecian a otros, suelen ser quienes nunca se han ocupado de lo que éstos hacen
  • Los sueños de otros, por muy descabellados que parezcan, pueden convertirse en grandes ideas para ti
  • Hay minutos que son imprescindibles y suelen ser los que regalamos a los demás sin pedir nada a cambio
  • Es cierto que el sol sigue y también lo es que las nubes oscurecen el paisaje. Hay que contar con ambas verdades
  • A veces, los sueños son capaces de cambiar la realidad
  • Si alguien te pide perdón con sinceridad, no dejes de agradecerle el gesto y evita que su perdón se quede sin eco
  • Si te dan una buena noticia, disfrútala, ya habrá tiempo de pensar en otras

5. La Caja Negra: Nuestras Armas

CN05Si alguien pide un recurso, se arriesga a que se lo den.

Es una buena frase, ¿verdad, Barquero? Cuántas veces nos encontramos con profesionales que llenan sus comentarios de quejas por carecer de tal o cual recurso y cuando se les da, los resultados que ellos garantizaban que llegarían, no aparecen.

Cuando tenemos responsabilidad sobre determinado resultado y éste es complejo de lograr, tendemos a buscar los motivos fuera de nosotros y encontramos evidencias claras y reales, que nos ayudan a interpretar que la causa de esa dificultad está en algo que no nos ha aportado la compañía. Y seguramente tenemos razón en afirmar que nos falta ese recurso o ese medio; pero con gran probabilidad, no sea la única razón e incluso, lo más frecuente es que no sea la más importante.

Recuerdo un caso en el que un director de una unidad de negocio reclamó a su director general determinados medios para conseguir aumentar los resultados de su zona. El director general le dijo: “Consiga primero ese aumento de resultado, y yo le aseguro que le concederé los medios que me acaba de pedir“. En esa organización, la palabra de un director general era ley, y el responsable de la unidad de negocio no tuvo más remedio que conseguir el aumento de resultados para que le concedieran los medios que él consideraba que necesitaba para lograr ese aumento. ¡Fantástico, ¿no?!

No te sorprenda. Todos podemos conseguir mucho más con lo que tenemos. Lo que ocurre es que en ocasiones, como en el caso que cuentas, necesitamos un “empujón motivacional” que nos ayude a optimizar y/o incrementar nuestros esfuerzos. Por cierto, ¿qué hizo el director de la unidad de negocio al conseguir los resultados?

Se lo notificó a su director general y le dijo que ya no necesitaba los medios que había solicitado.

Ese profesional creó sin pretenderlo, una gran oportunidad de aprendizaje. Seguro que su liderazgo se incrementó después de eso.

No lo sé, ojalá fuera así. Os dejo el link a una comunicación en la que abordamos este tema.

La Caja Negra: Nuestras Armas

Su primer eslabón

eslabonEs posible que sea la fuente de muchos problemas con los que hoy nos encontramos.

Recibí hace unos días un correo que hablaba de la pereza. Lo que más llamó mi atención no fue el significado en sí de un concepto conocido, sino la reflexión a la que invitaba sobre cómo la pereza era fuente de deterioro de infinidad de valores.

Resulta llamativo cómo este concepto se mantiene oculto hacia quien lo practica y es tan evidente para los que conviven con quien lo tiene arraigado en su comportamiento. Se oculta maquillándose con maestría.

Ese correo me invitó a escribir este cuento. Espero que os guste.

SU PRIMER ESLABÓN (Jaime Ros Felip, 2013)

Aún tenía la capacidad de soñar. Era de las pocas cosas que todavía podía hacer sin sentir el abrumador peso de las cadenas que le inmovilizaban. Soñaba con lo que siempre habría querido ser. Una persona importante para los suyos, merecedora de reconocimiento, satisfecha de sí misma,… Pero eso era imposible. Quizá hubo un momento en que tuvo aún la oportunidad de emprender el camino que convertiría su sueño en realidad; pero ese instante pasó y quedó en un recuerdo irrecuperable.

Las cadenas se aferraban a su cuerpo, envolviéndolo como serpientes que se hundían en el suelo y volvían a salir para rodear sus brazos y piernas con firmeza. Los eslabones pesaban, pesaban mucho. Sentía que su peso había aumentado con el tiempo. Antes sólo fue una cadena. Ahora eran varias las que le acompañaban y le susurraban lo que debía hacer.

Recordó el inicio. Él era muy joven, casi un niño, cuando encontró el primer eslabón. Se lo regaló un familiar. Alguien poco querido por sus padres. “Es un caradura y un vago”, decían de él. Pero le cayó bien. Era divertido, imprevisible, “vividor de cada minuto”, como a él le gustaba definirse.

Fue él quien le regaló el primer eslabón. En su mano brillaba como sólo pueden brillar los mejores metales. Era precioso, pesaba poco y además, parecía susurrarle palabras divertidas, interesantes, que dibujaban caminos atractivos. El eslabón le convenció de la importancia de mantener un cuerpo sano y descansado. El esfuerzo de levantarse cada mañana no tenía sentido si lo que debía hacer, podía aplazarlo.

  • Date tiempo, ya lo harás, no hay prisa. Si descansas ahora, cuando te pongas a hacerlo, estarás más preparado y con más ganas.

Era tan intenso el susurro y tan atractivo que no pudo resistirse a él. Su familia criticaba su actitud, pero él era consciente de que ellos no tenían el tesoro que guardaba celosamente en sus manos. No tenían el eslabón y no podían entender. Era extraño que algo tan sencillo fuera tan difícil de comprender por quienes le rodeaban.

El eslabón fue creciendo y  con un nuevo susurro, apareció un segundo eslabón engarzado al primero. ¡Qué bellos eran! Si el primero le invitaba a dejar para más adelante sus responsabilidades, el segundo le convencía de que la precipitación en una decisión era un error.

  • Si todo se puede aplazar, si de esta forma ganas tiempo para ti mismo, piensa en lo importante que es acertar en tus decisiones y para ello, debes esperar a que llegue el momento de decidir. No te precipites.

El segundo eslabón llamó al tercero, éste al cuarto, luego el quinto.

  • ¿Para qué tanto esfuerzo por controlarte? Déjate llevar, acepta que no todo puede hacerse e incluso quiérete porque eres capaz de equivocarte.
  • Los fuertes son quebradizos, los que suben alto tienen mayor riesgo de caer.
  • Quien te ordena, quien te manda, no te conoce, no sabe nada de ti, intenta obligarte a algo que puede que no te convenga.
  • ¿Qué beneficio te trae ordenar lo que seguro que se desordenará por sí sólo? En tu desorden encontrarás el orden en el que te sentirás cómodo.
  • Si tanto te cuesta a ti vivir, no les hagas fácil la vida a otros. Tú tienes tus propios problemas que ya resolverás. Que los demás resuelvan los suyos.
  • Quien sonríe satisfecho por un logro es que oculta algo. La vida le ha sonreído no como a ti, que no hace más que perjudicarte.

Ya no eran eslabones los que aparecían con los susurros, eran cadenas que parecían querer crear una segunda piel.

Se sentía incómodo. Intentaba moverse pero era incapaz. Pero no estaba solo. A su lado, a la derecha, un montón de cadenas ocultaban por completo el cuerpo de aquel familiar amigo que le regaló su primer eslabón. Más abajo, a unos metros, descansaban anclados también al suelo, unos amigos con los que compartió eslabones.

Lo que más le dolía era la última palabra que le dedicó alguien que fue un buen amigo durante un largo tiempo. Alguien que nunca quiso aceptar un eslabón. Alguien al que de vez en cuando veía recorrer los caminos cercanos a buen paso y siempre acompañado. Alguien que al pasar cerca de él, giraba la cara, le miraba a los ojos y esbozaba un gesto de profunda tristeza.

  • Te ha matado la pereza, amigo mío. Te ha matado la pereza.

Lo que más le dolía era la última palabra que su amigo pronunció frente a él.

El mercado exige integración

Es curioso, Barquero, cómo los humanos tendemos a justificarnos para no mover pieza, cuando deberíamos estar provocando cambios en nuestro entorno.

Magnett

Supongo que lo dices por lo difícil que es realizar una nueva mudanza cuando acabas de hacer una, ¿no?

No te entiendo.

Es fácil. Cuando uno ha invertido tiempo y esfuerzo en realizar algo, lo difícil es que se cuestione si lo hecho debiera rehacerlo, porque el ser humano tiende a llenar de valor los esfuerzos realizados, aunque éstos no sean plenamente adecuados.

De eso hay mucho en mi entorno profesional. Y es una pena porque quienes optan por lanzarse a “nuevas mudanzas”, suelen ser los que obtienen mayor beneficio. ¿Por qué crees que ocurre?

En primer lugar porque cuesta admitir que con lo que uno lleva trabajando durante tiempo, se puede sacar mucho más rendimiento. Es la dificultad de apostar por conseguir una buena integración de todo aquello que incorporamos en nuestro entorno.

Citas algo importante, Barquero. Es habitual que se rechace aquello que parece complejo y precisamente, integrar herramientas es complejo porque exige un esfuerzo mental alto, una experiencia acumulada suficiente en las diferentes herramientas y una visión a medio largo plazo que sustituya a la habitual visión cortoplacista, tan frecuente en nuestro entorno.

La gente compra lo sencillo, lo intuitivo, lo que parece fácil. No digo que no deba conseguirse hacer fácil lo difícil, por supuesto que esto es importante; pero el interlocutor que toma decisiones en la organización no debe rehuir la complejidad porque su escenario es complejo y es él quien debe enfrentarse a esa complejidad para buscar la integración de las herramientas en las que invierte.

Creo que esa es una de las principales causas que condicionan ese rechazo a la `nueva mudanza´. Pero hay más que no es fácil sintetizar en unas pocas líneas; pero quizá lo siguiente puede darte una idea de a qué me refiero:

  • Mi esfuerzo no puede ser baldío“: Cualquier organización o, mejor dicho, cualquier decisor de una organización que ha emprendido una tarea en la que ha invertido esfuerzo, ha vivido una etapa de dificultad que no puede desaparecer así como así. La inversión pide valor, si no se produce, se convierte en coste y eso no es fácil de asumir.
  • Cualquier cambio supone nuevos esfuerzos“: Es habitual que sea más frecuente anticipar los costes que anticipar los beneficios, sobretodo cuando quien lo hace estará afectado por el esfuerzo de poner en marcha e implantar el cambio. Esta percepción genera un rechazo prácticamente automático que puede que después se sustituya por otras interpretaciones, pero que protagoniza el inicio de la reacción.
  • El título de tu propuesta me recuerda a lo que ya he hecho“: Cuando proponemos algo a alguien, éste suele interpretarlo según su conocimiento y experiencia, es más, suele hacerlo en función de aquellas experiencias que mayor logro o dificultad le han supuesto. Por eso, es posible que cuando se le propone algo, él lo reinterprete de tal forma que llegue a considerar que le estás hablando de algo que en realidad no tiene que ver con lo que tú planteas.
  • Los de fuera no conocen lo de dentro“: Es cierto que no hay profeta en su tierra, pero también lo es que recelamos del que viene de otras tierras. Es difícil aceptar que otros que no viven nuestro día a día, conozcan lo suficiente como para darnos pautas reales y operativas. Esta situación provoca un recelo de partida que puede crear una interpretación errónea de las intenciones y capacidades de quien viene de fuera para proponerte algo.

Supongo que esto es perfectamente aplicable a esa situación en la que un consultor propone una idea a un cliente. A ver si puedo analizarlo según lo que me dices:

  • Mi esfuerzo no puede ser baldío“: Aquí, el cliente puede pensar que la idea que aporta el consultor puede poner en tela de juicio el trabajo que se ha hecho en su organización.
  • Cualquier cambio supone nuevos esfuerzos“: En este caso, el cliente anticipa los problemas con los que se va a encontrar en caso de dar luz verde a la propuesta del consultor. Esto provoca un rechazo inicial que sólo puede salvarse en caso de una necesidad clara, de una confianza profunda en el consultor o de un beneficio elevado derivado de esa luz verde.
  • El título de tu propuesta me recuerda a lo que ya he hecho“: Esta situación es muy habitual. El consultor pronuncia un título como por ejemplo: talento, liderazgo, desempeño,… Y el cliente reacciona inmediatamente diciendo que ya lo han hecho o que están en ello, presuponiendo que lo que le propone el consultor no aporta nada nuevo y que se centra exclusivamente en lo que ellos ya han realizado.
  • Los de fuera no conocen lo de dentro“: ¡Este es el aperitivo habitual de la consultoría!

No está mal la comparación. No hay profesión fácil.

Ni la nuestra ni la de nuestros clientes. Dejo aquí un link de un artículo que puede que interese a alguien.

¿De verdad crees que lo haces?

4. La Caja Negra: Motor Motivación

LaCN4¿En qué medida los valores condicionan una determinada motivación?

El valor en sí no la condiciona, sino la percepción que tengo de que lo que persigue ese valor está cubierto o no. La motivación es un concepto complejo y abordado desde diferentes disciplinas, unas más academicistas que otras, pero que requiere ser tenido en cuenta no como una “teoría bonita”, sino como una “realidad aplastante”.

Estoy de acuerdo, Barquero, de hecho, cuando intentamos explicar este concepto, los mejores resultados los conseguimos en el momento en que lo anclamos a la realidad profesional. Hay personas que se quedan en el “hay que motivar a las personas” y caen en el error, muy frecuente, de confundir la parte con el todo.

No van a entenderte si hablas así. Supongo que estás refiriéndote a que ese error consiste en pensar que la motivación viene fundamentalmente de la situación salarial y del constante reconocimiento laboral, ¿no?

Con mucha frecuencia encuentro a personas que piensan eso y ¡es una lástima!, porque la motivación real no se consigue con un salario o con el simple reconocimiento. Evidentemente son elementos que influyen, pero si nos limitamos a ello…

Al fin y al cabo, hablando con términos sencillos, el motivado es el que decide ir en una dirección determinada y está dispuesto a recorrer el camino que le lleve hasta su meta, es decir, está implicado y comprometido.

No te olvides de aquel cuya motivación está precisamente en vivir el camino que está recorriendo, que haberlo haylos y muchos más de lo que puede parecer a simple vista. Os dejo un link a una publicación en la que profundizamos algo en estos términos.

La Caja Negra nº 4: EL MOTOR DE LA CONTRIBUCIÓN, LA MOTIVACIÓN

Una pizca de sal (361-380)

HombreLibroNos preocupamos mucho por grandes cosas sin darnos cuenta de que es en los pequeños detalles donde está realmente nuestra vida. Hay quienes son capaces de sacrificar cien días para obtener un minuto de gloria. Esto es lo que sugiere la primera de las frases de hoy. Es cierto que incluso aceptamos que la puntualidad es un bien escaso e incluso “de mal gusto” en algunos escenarios.

¡Cuánto crece la popularidad de la espera al caer la de la puntualidad!

  • En este mundo, la puntualidad suele recibir el castigo de la espera
  • Una sola frase puede hacer revivir con intensidad recuerdos y orientar la forma de obtener nuevas experiencias
  • La opinión suele ser precipitada y el conocimiento, prudente
  • Compartir la historia de nuestros mayores nos hace reinterpretar nuestra propia historia
  • Quien trata con respeto e interés a los demás, crea oportunidades dormidas que podrán ser apoyos inesperados a lo largo de su vida
  • Da miedo preguntar qué porcentaje de los impuestos que pagamos se pierden en corrupción y en gestiones mal hechas
  • Si debes decir “no”, maneja con sensatez los motivos que te llevarían al “sí”
  • Es imprescindible que haya personas que nos ayuden a ver el bosque
  • Mejor comunica quien se prepara escuchando a su futuro auditorio que quien lo hace escuchándose a sí mismo
  • Oculta algo oscuro quien, con insistencia, cuestiona un principio ético o moral
  • Lo mejor siempre es consecuencia del buen esfuerzo
  • Quien cierra una puerta debiera pensar si se ha quedado con una llave para volver a abrirla
  • A veces, un sólo minuto da sentido a todo un día
  • Es cierto que el ruido dificulta la atención, pero también lo es que aumenta el estado de alerta
  • Tarde o temprano van a ponerte a prueba, no pierdas el tiempo y prepárate
  • Cuidado, la realidad puede poner en duda muchas de nuestras opiniones. Asegúrate de que conoces antes de opinar con firmeza
  • Interésate y pregunta tanto si aprendes como si enseñas
  • Qué fracaso el de que se miente pensando que ha sido capaz de engañarse de verdad
  • Tu verdadero valor está en cómo reaccionas ante las dificultades
  • El verdadero riesgo no está tanto en las consecuencias de los problemas con los que nos encontramos, como en nuestra actitud frente a ellos

El mensajero de los dioses

Bosque
JRF – 2013

Qué duro es ver cómo personas que han dado la talla, caen en la inseguridad en sí mismos y en la infravaloración cuando las circunstancias les golpean. Qué difícil es mantener el ánimo en situaciones así.

Por ellos va este cuento.

Las personas cometemos errores, pero somos capaces de crear historias y nos deberíamos valorar no por errores o aciertos, sino por las historias que hemos sido capaces de crear.

EL MENSAJERO DE LOS DIOSES (Jaime Ros Felip, 2013)

Un joven enviado de los dioses recorría el bosque negando enfadado con la cabeza. Levantaba hojas del suelo, revisaba raíces, comprobaba el suelo fangoso donde se apoyaban los cantos rodados del río,… No le gustaba lo que veía, ¡y no había hecho más que empezar!

Le enviaron a revisar el estado de la tierra para comprobar que todo ocupaba el lugar que debía y que no había errores en la belleza que ellos habían creado. Su papel era importante y no podía fallar. Era el mensajero de los dioses, alguien destacado, tocado por la magia de un puesto tan codiciado. Debía ser exigente, no permitir un solo error y exigir a todos una obediencia completa hacia sus creadores.

Recorrió varios paisajes hasta llegar al bosque. Estaba enfadado, no podía comprender cómo se podía ser tan poco cuidadoso. A cada paso encontraba errores, imperfecciones, incluso podredumbre y nidos de bichos asquerosos que se removían asustados cada vez que él levantaba una piedra en la orilla del río. Era imperdonable. El bosque debía ser castigado. No merecía ocupar ese lugar. Otro sería quien se encargara de cumplir con el compromiso con los dioses de manera digna.

El alma del bosque dobló la rodilla ante el mensajero y no pudo decir palabra ya que la mano del enviado se levantó haciéndole callar. Le repasó todos sus errores, le reprochó su mal hacer, le explicó que no merecía ser bosque y mucho menos haber tenido la oportunidad de crear un paisaje. La confianza que habían depositado en él había sido pisoteada sin ningún remordimiento. El bosque estaba lleno de suciedad, de desorden, de putrefacción…

Lo llevó ante los dioses y, en su presencia, explicó todo lo que vio mientras el alma del bosque se empequeñecía sintiendo una culpabilidad que al principio no compartía; pero que fue asumiendo ante la seguridad que transmitía el mensajero.

Eso le provocaba un profundo dolor. Él quería ser bosque y sin embargo, los hechos que el enviado presentaba ante los dioses, demostraban, sin fisura alguna, que no servía para ello.

Finalizada la exposición del mensajero, uno de los dioses preguntó al alma del bosque cuál era su opinión. No hubo respuesta, el alma estaba dolorosamente arrepentida de sí misma. Se sentía mal, quería morir, no merecía la oportunidad que le habían dado.

Fue entonces cuando con un gesto de la mano, el dios hizo aparecer una imagen que se expandió por toda la estancia mostrando el bosque iluminado por la luz del atardecer. La imagen era bella, muy bella y el mensajero se extrañó. ¿Qué pretendía el dios? Él sabía que tras esa visión, se escondía la suciedad, el desorden y la podredumbre que él mismo había presenciado.

La mano del dios siguió dibujando en el aire y aparecieron imágenes del invierno, del otoño, de los pájaros moviéndose entre las ramas de los árboles, de las turbulentas aguas del río salpicando las orillas en una sucesión de cascadas, de las copas de los árboles acariciando las estrellas de la noche, de vientos sacudiendo con fuerza los lindes del bosque,… Las imágenes tenían fuerza, tenían belleza, tenían vida.

El dios alzó su voz y la dirigió al alma del bosque:

  • Tu belleza nace de lo que eres y sabes ser. No dudes de ti mismo aunque te muestren lo que de ti no es bello. Para crear un paisaje hay que comprometerse con el ciclo de la vida y la muerte, hay que provocar orden a través del desorden y hay que estar ahí, queriendo y amando lo que haces.

Volvió a alzar su voz dirigiéndose esta vez, al mensajero:

  • La ignorancia es la semilla del daño, mensajero. El menosprecio es el veneno del alma. Incluso aquél que habiendo sido recto ayer, hoy se equivoca, tiene el derecho del reconocimiento de su pasado, de la razón de su desconcierto actual y de su capacidad ante el futuro.