Ya no merecía la pena discutirlo

Microhistorias

🤔Recuerdo aquella reunión con claridad, curiosamente, por lo que no se dijo y porque la sala aparentaba tranquilidad, demasiado tranquilidad. Las decisiones iban aprobándose una detrás de otra sin que alguien estuviera dispuesto a sostener una discrepancia más de unos segundos.
😶Y, sin embargo, había algo que no encajaba allí dentro.
Se notaba en las miradas, en los silencios obstinados, en esa forma de asentir que ya no nace del acuerdo sino del cansancio.
Después, al salir, empezaron las conversaciones reales, en voz baja, cerca de la máquina de café, en pequeños grupos.
— Esto no va a funcionar.— Ya… pero tampoco merece la pena discutirlo.
📌Y quizá fue esa frase la que más me inquietó.
Porque hay un momento especialmente peligroso en algunas organizaciones, ese en que, aunque las personas no dejan de ver los problemas, dejan de creer que es útil señalarlos.
🎢Y cuando eso ocurre, el conflicto no desaparece.
Simplemente empieza a convivir en silencio con todo el mundo y tiñe todas las relaciones.

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