El binomio de la oportunidad

Hay quien teniendo criterio, hace poco y quien hace mucho, pero sin criterio. Ambos casos tienen un serio problema. A quien dices que se pare a pensar para dotarse de criterio, dice no tener tiempo, y a quien propones que aproveche el criterio que tiene, se refugia en reflexiones teóricas.


Ambos factores, criterio y actividad, debieran ir de la mano.

Al fin y al cabo, todos intentamos conseguir algo con lo que hacemos o evitar algo. A esto se le llama eficacia, intentar conseguir un resultado a través de la actividad que desarrollamos.

También es cierto que todos intentamos reducir el coste (en tiempo, esfuerzo, dinero, problemas,…) que supone todo aquello en lo que nos ocupamos diariamente. A esto se le llama eficiencia, intentar conseguir el máximo rendimiento en todo lo que hacemos.

Queremos eficacia y eficiencia. No sólo lo queremos (consciente o inconscientemente) sino que lo necesitamos.

Déjame llevar esto al ámbito profesional de construcción de programas de entrenamiento. Esta responsabilidad exige combinar el esfuerzo dirigida a dotar de criterio (visión global, orientación a resultados, pensamiento estratégico,…) con lo necesario para promover una adecuada actuación (habilidades, estrategias, técnicas, conocimiento,…).

Imagina un aula en la que solo se habla de técnicas, tácticas, comportamientos y que se practican una y otra vez a través de metodologías de aprendizaje interactivas y bien llevadas. Lo primero que se nos viene a la cabeza es que `pinta bien, ¿no?´. De entrada, eso parece, pero si nos detenemos un momento a pensar en lo que intentamos conseguir con un programa formativo, llegamos a la conclusión de que algo falta.

Formar en todo aquello que nos permite llevar a cabo con eficiencia, rendimiento, una actividad profesional (negociación, liderazgo, venta, toma de decisiones…) no solo está bien, es muy necesario. Pero no debemos quedarnos únicamente en la eficiencia. La eficacia, el resultado, nos está diciendo que necesitamos incluir otro componente para hacer que esa actividad bien hecha produzca, contribuya. Ahí entra el criterio.

Es cierto, si solo nos centramos en el criterio, muy bien tenemos que llevar la sesión para que la gente no se aburra y saque la conclusión de que ha asistido a un curso `teórico´.

Cuando construyamos una sesión formativa, pongamos un juez delante nuestro que nos vigile y nos alerte indicándonos si estamos respetando el binomio de la oportunidad: Criterio + Actividad.

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