Las cuatro voces

Tiempo complicado, el que nos está tocando vivir. Muchos frentes abiertos, intenso esfuerzo con tímidos resultados, incertidumbre como compañera y constantes noticias de personas que no consiguen salir adelante.

Ayer mismo recibí un correo de un directivo que me decía: “Jaime, mi empresa está pasando por circunstancias muy complicadas“. Detrás de esta frase, hay una historia como otras muchas que se presentan con frases como éstas o con un tenso silencio.

Esas historias, que son suyas y nuestras, han inspirado este cuento.

Las cuatro voces (Jaime Ros Felip, 2016)

microsLas cuatro de la madrugada. Un tiempo frío y lluvioso, desordenado por el obstinado viento que, cargado de humedad, agitaba el pelo de Álvaro.

Como era habitual desde hacía meses, la noche se llenaba de momentos de insomnio en los que luchaba por controlar sus pensamientos intentando no despertar a su mujer. Aunque sabía que a ella le ocurría lo mismo y que parecían turnarse en una silenciosa danza nocturna acudiendo a la terraza.

La soledad de la calle era un paisaje en el que Álvaro conseguía perderse y, en esa pérdida, intentaba que esa tensión que alejaba el sueño de las sábanas, se desvaneciera lentamente. Una época difícil en su vida, muy difícil.

  • Realmente, ¿han existido épocas fáciles? – Se preguntó en voz alta.

No, quizá motivado por las circunstancias que estaban viviendo él y su familia, sus pensamientos le decían que no, que nunca fue fácil. Y fue precisamente en ese momento, tras pronunciar en voz alta estas palabras, cuando sus pensamientos se desdoblaron en aquellas cuatro voces que se obstinaban en discutir hora tras hora.

  • No estés tan abatido, Álvaro. – Dijo la primera voz que, aunque él sabía que procedía de algún lugar de su cabeza, la oía como si fuera alguien que estuviera a su lado. –  Tú sabes que todo se arreglará. Ten paciencia. Es cierto que lo que estáis viviendo es complejo; pero siempre habéis salido adelante y esta vez, no va a ser una excepción.

¿Todo se arreglará? Álvaro sabía que la primera voz intentaba animarle mostrándole evidencias de que con el esfuerzo y con una buena dosis de esperanza, el túnel no se bloquearía y podría llegar a salir de él. Era una voz que aunque había perdido fuerza en las últimas semanas, seguía ahí e incluso encontraba ecos de ella en los comentarios de aliento que le hacían las personas que estaban a su alrededor.

  • Creo que deberías ser más realista. – La segunda voz entró en escena – Mi compañera no se da cuenta de cómo está todo. No sólo es difícil para ti, lo es para mucha gente. Nadie sabe si realmente existe esa salida del túnel. Tú no lo sabes y nosotras, tampoco. Pero, no te queda más remedio que seguir ahí, luchando por superar cada día, cada semana. No te puedes permitir que, ocurra lo que ocurra, alguien te pase factura por haber tirado la toalla. Olvídate de si hay o no esperanza. Te volverías loco intentando resolver ese enigma que nadie es capaz de solucionar. Céntrate en el esfuerzo de cada minuto. Eso te mantendrá en pie. Saber que haces lo que debes hacer.

La segunda voz había cobrado protagonismo últimamente. Las discusiones entre ésta y la primera, eran habituales durante el día. Al principio, la primera solía llevar las riendas y la segunda parecía actuar añadiendo matices; pero el papel de cada una había ido cambiando y ahora, era la segunda voz la que parecía salir airosa de los debates que ambas mantenían.

  • Sinceramente, no sé porqué os esforzáis. ¿Qué más da hacer o no hacer? No te engañes, Álvaro. Por mucho que te esfuerces, no lo vas a conseguir. Hay demasiadas barreras. Antes podías, pero todo ha cambiado. ¿Cuántos conocidos tuyos han perdido sus trabajos? ¿Cuántos han visto cómo sus esfuerzos no han servido para nada? Acéptalo, porque hagas o no hagas, nada va a cambiar.

Era la tercera voz. La temida tercera voz que protagonizaba los fríos momentos de insomnio. Aquélla que Álvaro intentaba acallar, sacarla de sus pensamientos, anular. Él sabía que si la dejaba hablar, llegaría esa angustia que se instalaría en su pecho aprisionando su ánimo. Era la voz de la noche.

Las tres voces iniciaron una intensa discusión. Hablaban al mismo tiempo, se callaban unas a otras, se gritaban, se burlaban de lo que sus compañeras decían. La cabeza de Álvaro se llenó de imágenes contrarias. Aparecían y desaparecían siguiendo la rápida sucesión de argumentos que las tres voces se lanzaban entre sí.

  • ¡Ya basta! ¡Parecéis adolescentes inmaduras! No le estáis haciendo ningún bien con vuestras estúpidas discusiones. Os cegáis con vuestros argumentos y no sois capaces de ver más allá.

Álvaro suspiró aliviado. La cuarta voz había entrado en escena.

  • Es cierto que jamás hay que abandonar la esperanza, pero no te puedes quedar sólo con eso -dijo dirigiéndose a la primera voz -. También es cierto que por muy difícil que esté todo, no hay que abandonar el esfuerzo, porque él te hace fuerte y te mueve a seguir luchando por superar cada momento; pero tampoco basta con esto -esta vez, sus palabras hablaban a la segunda voz. Y, querida tercera voz, no puedes recrearte en los miedos y en las dificultades. Están ahí y por ello, debes ser consciente de que existen, pero no les des la oportunidad de coger las riendas; porque entonces, aunque haya esperanza y cosas por hacer, de nada servirá.

Se había producido un silencio profundo que duró unos pocos minutos. Álvaro miraba, sin ver, el paisaje de la noche lluviosa. Sabía que la cuarta voz no había terminado de hablar.

  • Tu mujer, tus hijos, tu familia, tus amigos, tú mismo. Ellos son tu fuerza, Álvaro. Ocurra lo que ocurra, tú eres marido, padre, hijo, hermano, amigo. Ése es tu gran valor, el sentido de cada minuto que pasa. Tu éxito no es el éxito y tu fracaso no es el fracaso.

Álvaro levantó la cabeza sorprendido por este último comentario.

  • Ellos saben qué ocurre. Son conscientes de ello y, como tú, tienen sus miedos. Vuestras circunstancias hacen que las sonrisas no surjan como antes, incluso que las discusiones sean más frecuentes y que la impotencia se convierta en una sensación que pretende instalarse en vuestros pensamientos. Pero piensa en la fuerza que te da ver cómo tu mujer se esfuerza día a día, cómo tus hijos se acercan a ti ofreciéndote su ayuda, cómo tu familia está pendiente, a tu lado, cómo tus amigos comparten su tiempo y su ayuda. Ellos son tu fuerza y tú eres la suya. Ahí está tu éxito o tu fracaso y esto, sólo depende de ti.

Cerró la puerta de la terraza y, en silencio, llegó al dormitorio. Su mujer respiraba profundamente. Ojalá fuera un sueño reparador. Con cuidado, besó su frente y ella se giró hacia un lado susurrando una palabra que Álvaro no consiguió entender. Se metió en la cama y evitó la tentación de comprobar la hora. Tomó la mano de su mujer y sintió cómo ella cerraba suavemente los dedos sobre los suyos.

“Mañana será un nuevo día”. -Dijo en voz muy baja- “No sé si nos traerá buenas o malas noticias, ni siquiera sé si habrá noticias. Pero sé que mañana, tú y yo, seguiremos aquí.”

7 comentarios en “Las cuatro voces

      1. Irene

        Tienes razón, pero, a veces, es difícil ser optimistas, sobre todo para algunos. Al leer tu cuento, me ha venido a la cabeza una película: “Techo y comida”; la protagonista de esta película tendrá estas voces y alguna más, probablemente. Cuando la vi, me sentí en una burbuja de privilegiados en la vida, a pesar de los momentos difíciles por los que estamos pasando.
        La paciencia, el esfuerzo, la esperanza.. tienen mucho sentido, pero cuando la vida te machaca por todos los lados ……! Qué difícil!!

        1. Siempre tendrás esa calidad de maestra en tu forma de escribir, Irene. Me ha encantado recibir tu respuesta.
          Cuando la vida te machaca… ¡Cuántas veces nos “regala” momentos así, ¿verdad?! Es muy difícil seguir adelante, pero no tenemos mejor opción que seguir conduciendo!!
          Un beso

  1. Pingback: Historias provocadas por el día a día – Reflexiones con el Barquero

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